Blog EnQuarentena
La verdad es que estoy mal acostumbrado para las compras. Las tiendas de mi barrio, regentadas por inmigrantes permanecen abiertas hasta las diez o las once de la noche. Por eso no me pareció muy tarde ir al DIA de al lado de casa a las ocho de la tarde. Mi sorpresa fue que a los veinte segundos de entrar me empezaron a meter prisa porque tenían que cerrar. Me acompañaba el Capitán Spiff, que trató de coger el máximo número de cosas de la lista a medida que la dependienta iba apagando las luces. En resumen, a las ocho y diez estábamos en casa y, por tanto, teníamos tiempo para ir al Espai VO del Cine Ramblas de L'Hospitalet. Había que aprovechar la ocasión aunque no supiéramos ni la peli que habían programado.
Llegamos como siempre, en el fatídico momento en que apagan todas las luces y te quedas en medio del pasillo sin tener ni idea de dónde puedes sentarte. Menos mal que siempre hay algún tipo de logotipo bailante que se proyecta en la pantalla y permite vislumbrar un hueco libre. Aunque  trantándose de este tipo de pelis lo de encontrar hueco tampoco es una hazaña.
El tipo de la foto es el protagonista de La Edad de la Ignorancia. Jean-Marc Leblanc, un funcionario del Estado de Quebec que es el perfecto prototipo de hombre hundido en el abismo de una existencia anodina y deprimente.  Las críticas de este film a muchos de los males endémicos de nuestra sociedad son constantes, a veces sutiles y a veces descaradas, pero siempre con un tono de humor que hace que la peli sea bastante llevadera. Las escenas de incomunicación dentro de la familia de Jean-Marc son, a mi juicio, antológicas. También me gusta 
el enfoque que se da a la pornografía y a las recurrentes fantasías eróticas masculinas. Esta película tiene el acierto de correlacionar la mediocridad y la angustia causada por la impotencia y la soledad con la impulsiva necesidad que lleva a muchos hombres a tener un mundo paralelo donde evadirse.  Un mundo marcadamente sexual, donde el hombre "recupera" su rol de dominador y en el que se tiene la seguridad que proporciona el ser el protagonista de la propia existencia. Se pueden decir muchas 
cosas de esta peli, pero yo me quedo con ésta. La gente se pregunta el porqué del auge de la pornografía y de la prostitución (800.000 prostitutas en España) y esta película contiene muchas de las claves, que se van desgranando una tras otra de la monótona vida de Jean-Marc. Es la demostración de que el consumo de pornografía no es una opción, sino un recurso desesperado, una especie de ansiolítico de efecto inmediato, una manera fácil de recuperar la masculinidad perdida y la propia autoestima. La película es tajante en este sentido: para retomar las riendas de la propia existencia es necesario desprenderse de ese mundo paralelo y afrontar decididamente la realidad. Un mensaje transmitido sin dar sermones, de manera elegante y sutil.

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